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Cortesía de.-

Gays, lesbianas, transexuales y tú



Presta atención a la mujer que ahora viaja en el asiento trasero de mi taxi. Escucha el maquillaje de su voz. Fíjate en esa nuez. Y en ese mentón. Y en esas muñecas. Salta a la vista que nació en un cuerpo equivocado. Mujer por dentro y hombre por fuera. Tal vez se confundieron de carcasa en el reparto. O Dios fuma crack, ¿qué importa el motivo? Bendita cirugía en cualquier caso.

Ahora intenta meterte en ella. En su cabeza. En su alma siempre virgen de quirófanos. En lo que fue su infancia o peor, su adolescencia. Cambia tu cuerpo por un cuerpo del sexo opuesto. Desnúdate y explora esas zonas diferentes. Siente el rechazo reflejado en el espejo, esa extraña claustrofobia hacia ti mismo. Ódiate por fuera y observa cómo los demás también te odian.

(La gente estúpida odia todo aquello que no entiende. Así refuerzan su neurona: aislándola.)

Ahora, da igual que seas gay, lesbiana o heterosexual, piensa en ti. En tu propio cuerpo. ¿Te gustas o simplemente te asumes? ¿Cambiarías algo? ¿Tus pechos, tus labios, tu vientre? ¿Tu timbre de voz? ¿Tus ronquidos? ¿Tus ataques de celos? ¿Tus úlceras? ¿Tu pasado?

¿Acaso tú no eres, también, transtimismo?

¿Acaso tú no crees, a veces, que naciste en un mundo equivocado?




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Gays, lesbianas, transexuales y tú --Daniel Díaz--
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La pastilla


Limpiando la tapicería de mi taxi encontré una pastilla blanca con apariencia de caramelo, el típico caramelo para la tos. Sugestionado, tal vez, por aquel descubrimiento, comencé a toser sin control. Así que el siguiente impulso fue tomarme la pastilla.

No era de menta o de eucalipto, como pensaba. Tenía un sabor más bien ácido, tirando a corrosivo, pero al menos consiguió quitarme la tos radical. Seguí limpiando el taxi mientras la pastilla se disolvía en mi boca, y en esto, levantando una alfombrilla del suelo del taxi, encontré una nota manuscrita y firmada por el mismo Henry Miller:

"Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar lo que es realmente su experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, que volaría en pedazos, y ningún dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo."

Noté que alguien me tocaba el hombro. Me di la vuelta. Era Mariano Rajoy, vestido con el uniforme de la gasolinera. En su mano llevaba una bolsa de agua con un pez nadando dentro. La bolsa tenía un agujero y se salía el agua, pero él parecía no darse cuenta. Me tendió la bolsa al tiempo que se acercaba para darme un beso, pero conseguí zafarme y correr hasta la tienda de la gasolinera. Ahí encontré una máquina de bolas, y me abracé a ella. Tenía un tacto suave: surgió el flechazo. Como muestra de mi amor hacia la máquina, eché una moneda, le di a la rueda y salió una bola con un pezón dentro. Así de complejo es el sexo, pensé. Conseguí abrir la bola y al ver que venía Rajoy corriendo (esta vez vestido de Harry Potter) me hice pequeño, me metí dentro de la bola, y cerré por dentro. Me escondí debajo del pezón y, por suerte, Rajoy pasó de largo. Luego se tropezó y se clavó la varita mágica en un costado. Se convirtió de súbito en un sapo con pelo, pero yo no tuve nada que ver con esto. Lo juro.




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La Pastilla --Daniel Díaz--

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